Nunca he sido una aficionada del cine. No porque no me interesase, sino porque simplemente siempre he preferido perder cuatro minutos en escuchar una canción que hora y media en ver una película. Cuestión de pereza, supongo. Por suerte, la carrera que estoy estudiando me obliga a ver cine. Mucho cine. Algunas películas cuestan entrar, se hacen largas, pero otras tienen realmente esa facilidad de transportarte a un mundo distinto durante noventa minutos (o lo que dure, vaya). Suena raro, pero a mis 20 años y estando en tercero de Comunicación Audiovisual, estoy aprendiendo ahora a disfrutar del cine. No es tan distinto de la música. En ambos hay personajes, situaciones, momentos o frases que se te quedan grabadas. Que te marcan. Me pasa con 'Casi famosos'. Con 'M'. Con el "te prequiero" de 'Primos'. Con Penny Lane. Con el final de 'Noviembre'. Con 'N=1'. Con "en descuidos crearemos universos" de 'Niña imantada'. Con 'Maldita dulzura'. Con Tom. Con '(500) days of Summer'.
No es por maldad, lo juro, es que me divierte el juego.
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2 cuentos chinos para niños del Japón:
Yo sobre Tom no tengo nada que objetar. Fin
plas, plas, plas (aplausos sonoros de pie)
y así
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